Tantos meses esperando inquietos a la llegada de estas fiestas, las fiestas más visitadas en la capital tras las más que conocidas del Apostol, y no sólo han llegado ya, sino que han terminado. Ha sido un no parar. Desde el miércoles, Santiago de Compostela ha estado de bote en bote y nadie ha tenido quejas.

El ambiente prometía desde el principio de la noche.
La primera noche fue, como dirían los más jóvenes, apoteósica. Era “El Día”, pues ahí podíamos encontrarnos a todo tipo de personas, pero en su mayoría, jóvenes universitarios que se despedían antes de irse de puente a sus casas.
La famosa Alameda, más conocida como Campillo, estaba plagada de jóvenes “botelloneros”, cosa que no gustó mucho al resto de ciudadanos ni al propio Ayuntamiento, quien dijo que haría la vista gorda con respecto a horarios y licencias de los locales, y así fue. Después de varios meses en los que todos nos hemos preguntado por qué el Ayuntamiento estaba “matando la marcha santiaguesa” cerrando los garitos más concurridos, esta vez no dijo nada, tan sólo una noche callados, pero os aseguro que valió la pena.
Más gente por la calle que un día a las cinco de la tarde, más basura que nunca, eso sí, y todos unidos para protestar en la Plaza Roja por si al famoso Liberty se le ocurría cerrar antes de las siete de la mañana, cosa que no hizo.
Llegó el jueves. Resaca pura presente en todo el mundo, sólo había que mirar la cara de cualquiera para darse cuenta de que la noche anterior había sido grande. Pero, los que tenían más aguante, o simplemente les gusta la música, pudieron contar con el concierto exclusivo y gratuíto en el Campus Sur de M-Clan,
quienes dieron un espectáculo que a los picheleiros les costará olvidar, pues la simpatía y profesionalidad del grupo fueron los grandes protagonistas de la noche, con su “Llamando a la Tierra”, “Carolina”, “Miedo”, “Mario” o “Quédate a dormir” entre otras míticas, además de la presentación de su nuevo álbum “Memorias de un espantapájaros”.
Con respecto al viernes y sábado, un tanto de lo mismo, la feria tuvo su protagonismo y el Campillo realmente fue el que más consecuencias sufrió. Espectáculos de todo tipo amenizaron las fiestas y esto es lo que hará que muchos quieran repetir el año que viene o, simplemente, acercarse a la ciudad en sus fiestas de verano.
Y es que…hay que vivirlo.